Yves Beck
He tenido la suerte de catar La Conseillante 2016 con regularidad, ya fuera en Primeurs, durante su élevage o justo antes de su embotellado. Hoy lo cato una vez más, por enésima vez, este vino que me fascinó desde nuestro primer encuentro. Ya en esa primera ocasión tenía una idea de la puntuación que podría darle una vez embotellado, pero quería no precipitar nada. Además, por un lado no podía hacer absolutamente nada al respecto y, por otro, durante los Primeurs nos falta una noción fundamental (el élevage, en este caso), por lo que me resultaba difícil llevar mi imaginación hasta el punto de predecir más de lo que el vino es capaz de ofrecer. Así, preferí seguir con prudencia sus peripecias.
La Conseillante 2016 es absolutamente excepcional y forma parte de los mayores logros de la rive droite. Está, sencillamente, al nivel de los crus más prestigiosos de la denominación y, de hecho, forma parte de ellos…
Color granate profundo con reflejos violáceos. El bouquet de La Conseillante 2016 es de una precisión rara, de una fineza fascinante; es casi todo lo que busco en un vino: emoción, placer, fineza y una capacidad excepcional para desplegar una multitud de aromas. Percibo notas calcáreas, grafito, cassis y violetas. El ataque en boca está a la altura del bouquet. Es fino, amplio, potente, de filigrana; es paradójico, auténtico. El cuerpo de este vino no brilla por su potencia —aunque la tiene—, sino por su fineza, por su capacidad de aunar raza, vigor y fineza aromática. Estos elementos responden a esa potencia, y esta tiene precisamente el mérito de permanecer entre bastidores y dejarles hacer.
La expresión en boca es brillante, gracias a una estructura capaz de poner en valor todas las características que le están ligadas. Si comparo La Conseillante con los otros cuatro vinos a los que he otorgado la máxima puntuación en 2016 —Ausone, Canon, Cheval-Blanc y Lafleur—, diría que es el que menos destaca por su potencia y más por su sutileza. Sus taninos son imponentes y están perfectamente integrados, su estructura es viva, jugosa y con raza, y su intensidad aromática subraya una vez más la capacidad gustativa de este vino para revelarse desde el ataque y brillar mucho más allá del final.
Recuerdo haber tenido, estos últimos días, una conversación con alguien que me decía estar harto de leer notas poéticas o emocionales sobre el vino… al catar este vino respondo que, en ese caso, no existen realmente otras alternativas. Hay que ser lo bastante soñador como para dar rienda suelta a las emociones. El vino no es racional, así que no hay ninguna razón para comportarse de otra manera que él.