René Gabriel
¡Ya en 1992, una pequeña sensación! Bouquet contundente, explosivo; opulento, exótico, con una nota tostada de barrica acompañada de un delicado toque de botrytis: tentador, maduro. Denso en boca; riqueza envolvente, de boca llena, de mazapán, almendras y grasa de avellana, con una retronasal muy intensa. Un vino majestuoso, sobre todo si se tiene en cuenta su precio. Bebido un año más tarde con Christian Moueix en la Hostellerie de Plaisance en St. Emilion: marcada nota de icewine, no rodeada de una fruta tan madura como en otras grandes añadas, pero con un magnífico juego entre acidez y dulzor; una especie de “Mosel-Yquem”. Un descubrimiento sin igual. 97: ¿Qué es el Huzlenbrot? Es una especie de pan de pera, pero totalmente distinto. Una receta familiar que Maria Manser se negó en redondo a revelar aquella noche. Sin embargo, este pan armonizaba de maravilla con el Yquem 84, que su hijo Ernst Manser sirvió para acompañarlo. Poco escrito, pero mucho Huzlenbrot comido. 98: Amarillo medio, pajizo. Bouquet fresco, atravesado por la bergamota; resulta francamente especiado, como de pimienta. En boca, melaza, mirabeles, buen equilibrio, un paso jugoso y fluido. Da muchísimo placer ahora, aunque quizá con una capacidad de guarda más bien limitada (18/20). 01: Para cerrar una velada vinícola inolvidable, Robi Infanger, del Hotel Engelberg en Engelberg, abrió este dulce de ensueño: color amarillo dorado. Bouquet abierto, dulce y con notas de paja, con muchísimos orejones, un toque de azafrán, nectarinas sobremaduras y una botrytis muy desplegada, aún no acompañada por notas de cítricos. En boca, también un juego amplio entre gran madurez y frescura remanente. ¡Que nadie afirme que la añada 1984 en Sauternes fue un fiasco! 09: Oro medio con reflejos amarillo mostaza. Notas de Pertinax, azafrán y manzanilla seca, prácticamente sin botrytis. En boca, mirabeles cocidos, acidez suave, finas notas amargas perceptibles. Más un vino de quesos que un vino de postre. Para una añada difícil, muy logrado. (18/20). 13: Botella Impériale. Dorado anaranjado, no especialmente brillante. Bebida de pan, gelatina remojada, caramelo, pan brioche, matices de levadura, albaricoques secos sin sulfitos, higos de Izmir, melaza, toque de Pertinax. En boca, melaza clara, contornos suaves, de nuevo mucha gelatina, un dulzor bonito y armónico, pero falta el juego esperado. Pese al nombre Yquem en la etiqueta, no es un Sauternes verdaderamente grande. Pero tampoco se espera eso de un 84. Así que es razonable suponer que, aun así, sea el mejor Bordeaux dulce de esta añada difícil. 17/20 beber, sin prisas.