SU MAJESTAD,
LA FRUTA

Dom Pérignon solo ofrece grandes añadas de champagne.

Porque cada año se revela una fruta,
un desafío, una visión.
El rosé confronta la Chardonnay
y la Pinot Noir, entre la exuberancia y la mesura.
Hoy, después de un largo periodo de
maduración activa, Dom Pérignon
nos revela todo su carácter.


DOS MIL SEIS

Año de contrastes, 2006 formó parte
de una década radiante.
Con un julio tórrido,
y un agosto fresco y húmedo.
Un septiembre casi plenamente estival
otorgó a la cosecha una madurez regia.
Cautivadora, generosa, indómita: esta añada
nos seduce con un poder magnético
tras trece años de maduración en bodega.


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IMAGINAR

Una envolvente ola de especias y cacao.
Una fruta generosa, nunca indulgente.
Aromas de naranja confitada, higo
y albaricoque asado.
Notas ligeramente ahumadas.
Un vino amplio, radiante.
De una intensidad deslumbrante.
Un exquisito juego, cremoso y crujiente.
Con un buqué fascinante,
maduro y profundo.
Y la sorpresa de un final yodado.


INVENTAR

Ensalce el poder y la estructura de

Dom Pérignon Rosé Vintage 2006

con la cocina
tradicional del sur de Europa,
simple y auténtica.
Revele su riqueza y complejidad
con una carne aromática y jugosa
como un San Daniele o una bresaola con especias.
Acompañe la exuberancia de esta añada
con la fuerte personalidad de un risotto
con n'duja y stracciatella.